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Por Eric de Jesús Sandoval Ochoa |
México: Todos los huevos
en una sola canasta
La economía de EU desde el ataque a las Torres Gemelas y el inicio de la guerra contra Irak ha llevado al país a una deceleración económica que ya se veía desde el 2006 por varios analistas económicos. El trabajo bélico del actual presidente (George Bush), quien ya lleva dos periodos en el poder, deja en claro y al descubierto la capacidad financiera del principal socio comercial de México, Estados Unidos, que en el 2007 destapó la difícil crisis financiera en el ramo de bienes y raíces siendo sólo uno de los indicadores más notorios, pero ahora el que padecerá los efectos de esta desaceleración será definitivamente México, el primero en ver la reducción en inversión extranjera proveniente del vecino país del norte y que cuenta con el capital activo en varias trasnacionales que operan aquí. Antes de esto la economía norteamericana oscilaba entre las principales economías, pero ahora juegan más factores como el propio dinamismo de China y la mayor integración de la Comunidad Europea. Esto significa que el resto del mundo empieza a ser menos vulnerable que antes a una desaceleración norteamericana. Sin embargo, el grado de vulnerabilidad varía mucho de un país a otro. En general, podríamos decir que los países desarrollados son igual de sensibles que en 2001, pero el conjunto de países emergentes están en una mejor situación. En particular, Canadá y México son los más proclives al contagio junto con Malasia, seguidos por los demás países de América Latina y los asiáticos en vías de desarrollo. No obstante, cada uno de estos países tiene algo de margen para contrarrestar, o por lo menos minimizar los efectos negativos. En cambio, la Comunidad Europea y Japón se encuentran menos expuestos pero prácticamente sin campo de acción para instrumentar una política económica contracíclica. Mientras esto sucede nuestro país ha descuidado los diferentes tratados que se tienen con el mundo “poniendo todos los huevos en una sola canasta” como la vox populi suele decir.
Por otra parte, los mexicanos que residen en el vecino país de manera legal o ilegal, cual fuere el caso, son para México un soporte económico de gran importancia ya que generan incrementos en el consumo, lo que mueve un gran porcentaje de la economía mexicana. Los efectos de esta desaceleración desde luego que afectarán de forma directa a nuestros connacionales, quienes son el aporte económico para sus familias en este país; el reto económico para todos los sectores productivos de México es grande por no haber hecho la tarea a tiempo y si aterrizamos es cuestión de cultura de organización de mentalidad empresarial donde no ve reflejada la capacitación profesional de la nuevas generaciones de estudiantes, ni los respaldos gubernamentales para ejercer un trabajo en conjunto que les permita salir de ése atraso comercial que lo deja en la lona ante los embates de los cambios de su entorno. Los apoyos a los sectores productivos desgraciadamente son para las grandes empresas trasnacionales que operan en México, y un reducido número de empresas mexicanas que han logrado rebasar estos esquemas para incorporarse a los mercados mundiales, mientras la micro empresa de ahí no logra pasar por la falta de profesionalización comercial y el financiamiento escaso o nulo de la banca privada y el propio gobierno.
¿Qué podemos decir de los comerciales de los agricultores mexicanos que están contentos por exportar sus aguacates a varios países del mundo, entre ellos Japón? No dudamos de esa realidad, pero un mínimo sector logra estos avances. Pareciera que esto es como las promociones que hacen las refrequeras u otros vendedores de productos de consumo básico que anuncian rifas y premios, pero nadie sabe quienes fueron los beneficiados con sus promociones o presunciones.
Son muchas los pequeños industriales ocupan respaldo real y directo del gobierno, y también el propio asalariado que lo requiere para ver reflejados los beneficios en su consumo directo que dista mucho de la realidad ya que trabaja y nunca se equipara su esfuerzo para obtener los requerimientos básicos que le permitan un mejor nivel de vida. Puras promesas, así es como se ha quedado la economía mexicana que tendrá que enfrentar grandes ajustes, desde la misma inversión energética para recuperar y revitalizar el potencial con el que se cuenta. Ante esto, el gobierno sólo se ha dedicado a crear nuevos programas electorales como el seguro popular, con fuertes inversiones en este ramo dejando a la clase trabajadora en el olvido al no darle un instituto mexicano del seguro social con mayor calidad, y sin la aplicación de inversión para su mejoramiento en beneficio de quienes trabajan para generar la economía y los impuestos que mantienen la nación. A ellos los siguieron dejando en la sala de espera como sucede con las grandes filas en la prestación de este servicio en varias clínicas del IMSS, donde su infraestructura tecnológica y profesional es reducida ante la fuerte demanda de servicios, lo que contrasta con las millonarias inversiones para abrir hospitales y remodelar los existentes del sector salud donde son y serán atendidos quienes se acogen a este nuevo seguro popular que si bien apoya a a quienes no tienen empleo fijo o no están en la seguridad social, no es suficiente. Es un derecho a la salud como lo marca la constitución.
Sobran también los vívales que sin requerirlo ya están anotados y hasta los patrones y gobiernos municipales han inscrito a sus trabajadores, lo que será un desgate económico para el país. Bien dicen que es mejor vivir del gobierno que trabajar, lo que es un error para quienes no cuentan con el programa oportunidades y todos los demás que existan pues los beneficios en suma pueden llegar a más de 4 mil pesos en algunas familias; lo extraño es que los que sí trabajan y sólo reciben cantidades mensuales por su actividad que desarrollan, que van de los 2000 pesos a los 4000 mensuales, tal vez les sea más productivo hacerse del gremio de los que menos tienen para obtener más de los programas del gobierno.
Mientras esta actitud paternalista y de despilfarro en supuestos programas de apoyo social sigan así, sin crear una nueva cultura de la productividad y autocapacidad para ser generadores de riqueza, los mexicanos no veremos ése desarrollo real que eleve nuestros salarios y el poder adqusitivo y, desde luego, nos lleven a un mejor nivel de vida.